Universidad y bien común (Por Ennio Vivaldi)


vivaldi-620x330

Una columna audaz y magistral del Rector Ennio Vivaldi, publicada en El Mercurio, el 1 de noviembre de 2015 y en el sitio web del Consorcio de Universidades del Estado

 

Universidad y bien común

(Ennio Vivaldi, Presidente Consorcio de Universidades del Estado de Chile y Rector Universidad de Chile)

La discusión sobre financiamiento universitario sigue focalizada en el tema de los aranceles que las diversas instituciones cobran a sus estudiantes: cuánto cobran, cuánto deberían o merecerían cobrar, cómo ayudar a los estudiantes a pagar dichos aranceles y cuán injustamente discriminatorio resulta el liberar a algunos de ellos de esa obligación. Este modo de concebir a las instituciones de educación superior equipara el título profesional a una commodity, la universidad a un retailer y el estudiante a un consumidor bien informado.

Esta interpretación constituye la transcripción verbatim de un conjunto de preceptos de comportamiento de mercado aplicados a la educación superior propuesto a mediados del siglo pasado. En Chile se implementó una variante extrema, sin validación mediante y aceptándola como natural. En muchos países, notablemente Alemania, los intentos por implementar versiones mucho más moderadas fueron decidida y exitosamente resistidos. Hoy, en nuestra discusión sobre financiamiento universitario basado en ese esquema commodity-retailer-consumidor, se suele enfatizar el cómo ayudar a pagar al joven consumidor, pero inevitablemente se está hablando también, literalmente, del otro lado de la misma moneda, de cómo ayudar a la institución a recibir el dinero.

Otra forma de discutir el financiamiento universitario responde al modelo de la universidad cuya misión se une indisolublemente al desarrollo cultural, socioeconómico, científico y tecnológico de la sociedad en que está inmersa. Un caso arquetípico es el rol, delineado entre otros por Andrés Bello e Ignacio Domeyko, de la Universidad de Chile en la formación y posterior identidad de la nación chilena. Es igualmente notable el caso de la Universidad de Concepción, que crea un foco cultural alejado de la metrópoli respondiendo a las inquietudes y problemas de la ciudadanía regional. En contextos semejantes surgen las universidades Santa María en Valparaíso y Austral de Valdivia. Por su parte, el Estado chileno creó un conjunto de sedes vinculadas a sus dos universidades matrices para promover el desarrollo regional. Estas instituciones, como todas las universidades tradicionales chilenas, respondían a este otro modelo de educación superior.

Cuando las sedes regionales fueron transformadas en universidades estatales quedaron en total desamparo, pese a lo cual, en su mayoría, hoy constituyen el polo de desarrollo más gravitante en sus regiones. Valga aquí el precepto latino Cui prodest: resulta esclarecedor para entender un acto, preguntarse a quien beneficia. En el modelo commodity-retailer-consumidor es evidente quienes son los potencialmente favorecidos con un estancamiento de las universidades estatales regionales. El que desde 1981 reiteradamente se hayan planteado esquemas para limitar la expansión de matrículas en el sector público y obligar a los estudiantes a redirigirse al privado es un motivo de rubor nacional. El rubor se torna escarlata ante el argumento de que hay universidades públicas y privadas así como hay universidades buenas y malas, de lo que resultan cuatro combinaciones posibles: públicas buenas, públicas malas, privadas buenas y privadas malas. Se puede entender que haya universidades privadas malas, a las que el mercado aún no elimina en su pretendida poda selectiva y eficiente (a menos que ser mala no sea tan malo). Pero la existencia de universidades públicas malas sólo refleja una irresponsabilidad de la nación en su conjunto que perjudica gravemente a la nación en su conjunto.

Por esto resulta crucial especificar el modelo de universidad que se tiene en mente cuando se discute la ley de presupuesto. Y esa especificación es aún más decisiva para las universidades públicas regionales. Incrementar la autonomía en los proyectos de desarrollo regional constituye una expresión de vitalidad y robustecimiento de la democracia. En el caso de Chile responde además a una elemental constatación de la excepcional diversidad en geografía humana, biológica, física, económica y política que fundamenta la riqueza de nuestro país. Sólo las universidades públicas podrán asumir la responsabilidad primera de representar los plurales intereses y sensibilidades al interior de la toda la comunidad regional y promover su desarrollo en múltiples dimensiones. Para que su trabajo resulte coherente y eficaz, deberán además articularse en ese sistema de universidades públicas que hoy debemos reconstruir. En esta concepción, la formación de profesionales es una función natural de una institución que investiga su entorno y se vincula con su ciudadanía.

Anterior Comunicado UNESCO Educación Superior 2009
Siguiente La UBA: Un Ejemplo de Universidad comprometida con lo público

Sin comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × dos =